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El crecimiento de la iglesia primitiva.

Eduardo Moreno

marzo 16, 2026

I. La iglesia primitiva.

En algunos círculos del cristianismo evangélico-protestante, a menudo, se comete el error de desconocer la rica historia de nuestra fe. En ocasiones, nos limitamos a remontarnos a la época de la reforma protestante como si esta fuese el inicio de la iglesia cristiana.  Si bien es cierto que la reforma protestante en el siglo XVI marcó un precedente en el cristianismo occidental, específicamente en el rito latino de la iglesia, esta época es solo una más de las muchas que han envuelto al cristianismo desde su nacimiento en los tiempos de los césares del Imperio romano.

El cristianismo no es solamente una religión que forma parte de la historia, sino que es una historia en sí misma. Es la historia de la redención de los seres humanos ante su Creador. De acuerdo con el historiador cristiano Justo González: «El evangelio [son] las buenas nuevas, de que, en Jesucristo, Dios se ha introducido en nuestra historia, en pro de nuestra redención.» [1] Respecto a la importancia de la religión cristiana en la historia mundial, el teólogo e historiador suizo, Phillip Schaff, dice en su obra “Historia de la Iglesia Cristiana”:

«Como la religión es la preocupación más profunda y sagrada del hombre, la entrada de la religión cristiana en la historia es el más trascendental de todos los acontecimientos. Es el fin del viejo mundo y el comienzo del nuevo.»[2]

Conocer el contexto en el que los acontecimientos del Nuevo Testamento tuvieron lugar puede ayudarnos a fortalecer no solo nuestro entendimiento de las escrituras, sino también nuestra forma de vivir la fe y experimentar la esperanza en Jesucristo. El mismo Justo González nos dice en su obra “Historia del Cristianismo” que: «[La] importancia de la historia para comprender el sentido de nuestra fe no se limita a la vida de Jesús, sino que abarca todo el mensaje bíblico.»[3] Así mismo, Philip Schaff dice: «La historia de la iglesia tiene un valor práctico para todo cristiano, como depósito de advertencias y aliento, de consuelo y consejo»[4].

Por esta razón, en este ensayo se sostiene la necesidad de conocer el contexto histórico del cristianismo primitivo para entenderlo a mayor detalle, y tener un panorama general acerca de la vida de la iglesia primigenia y cómo esta puede fortalecer nuestro vínculo como iglesia moderna con nuestros hermanos del primer siglo. Especialmente, está enfocado en la evangelización de la comunidad cristiana del primer siglo y cómo la divina providencia del Señor actuó a través de circunstancias históricas concretas que permitieron la rápida expansión de las buenas nuevas.

A.                     El contexto de la iglesia primitiva.

Cuando nos embarcamos en el viaje a los inicios de la época cristiana, pueden surgir una variedad de preguntas, las cuales, posiblemente, no podremos encontrar su respuesta de manera directa en el texto bíblico. Un ejemplo pudiera ser respecto al crecimiento de la iglesia: ¿Cómo logró la iglesia primitiva la aceptación atestiguada en los escritos canónicos? Por pluma de Lucas, el día de hoy tenemos el testimonio del crecimiento de la iglesia en el libro de los Hechos del Espíritu Santo, y sabemos que en sus inicios, el evangelio tuvo una gran expansión por medio de la labor de los apóstoles. (Hechos 2:40-42) Sin duda, esto se debió a la obra del Espíritu Santo, como lo es hasta el día de hoy. Sin embargo, es importante conocer al menos dos factores, tanto políticos como sociales, los cuales son relevantes para entender el proselitismo cristiano: la diáspora judía y la persecución a los cristianos.

1. La diáspora judía. Para entender el surgimiento del cristianismo, es necesario conocer el contexto en el que este vio sus inicios. De manera más particular, conocer la dispersión del judaísmo nos da una vista más amplia del crecimiento de la iglesia y de cómo estos judíos dispersos por la cuenca del Mediterráneo y las tierras aledañas tuvieron gran influencia en el proceso de evangelización. Al respecto, Justo González dice: «El judaísmo de la diáspora es de suma importancia para la iglesia cristiana, pues fue a través de él, […], que más rápidamente se extendió la nueva fe por el Imperio romano».[5] Sin duda, hay una gran cantidad de factores que se deben considerar en un estudio histórico, sin embargo, nos limitaremos a un factor determinante, que en conjunto con la dispersión judía, facilitó el proselitismo cristiano, con esto, nos referimos a las conquistas de Alejandro Magno.

La cuenca del Mediterráneo, desde antes de los tiempos de Jesucristo y hasta nuestra actualidad en el siglo XXI, ha sido un área envuelta en un sinfín de conflictos bélicos, por intereses tanto económicos como políticos. Debido a su ubicación geográfica estratégica entre Asia Menor y África, fue una franja bastante codiciada por los grandes imperios en las diferentes épocas. En el siglo IV a. C., Alejandro Magno entró en escena para ser un nuevo contendiente por esta franja, que de hecho terminó por conquistar y adherirla al mundo helenístico, todo esto con un propósito ideológico, según nos presenta Justo González: «El propósito de Alejandro no era sencillamente conquistar el mundo, sino unir a toda la humanidad bajo la misma civilización de tonalidad marcadamente griega». A este proceso de unificación se le conoce como helenización.

La helenización buscaba, como comentamos, unificar las diferentes culturas en una misma, imponiendo rasgos particulares y bastante claros de la civilización griega, así como incluir aquellos rasgos autóctonos de las regiones conquistadas, tanto en costumbres como en una especie de sincretismo religioso. Esto permitió que, a lo largo de los años, muchos de los judíos de la diáspora adoptaran rasgos de la civilización griega. A estos se les conoció como “judíos helenistas”, en los cuales, en su mayoría, el uso del idioma griego era predominante por encima del hebreo y el arameo y tenían poco acceso al templo en torno al cual pivoteaba su fe como comunidad. Por esta razón, los judíos dispersos «se veían obligados a centrar su fe en la Ley más bien que en el templo».[6]

Respecto a la preparación para el nacimiento del cristianismo, Phillip Schaff comenta acertadamente que: «La preparación pagana también [influyó] en parte intelectual y literaria, y en parte política y social. La primera está representada por los griegos [helenistas], la segunda, por los romanos».[7] Esto pone de realce la importancia, tanto del poder político del imperio romano, como del poder intelectual de los griegos, para que el cristianismo tuviese un comienzo sólido.

Es bien sabido por los lectores de las sagradas escrituras que, en los viajes misioneros del apóstol Pablo, su primera interacción con las ciudades visitadas se llevaba a cabo entre judíos, los cuales en su mayoría eran de habla griega. Después, estos, habiendo aceptado el evangelio, lo compartían en sus ciudades. Y ni hablar del inmenso valor que la filosofía platónica (de origen griego) tuvo para los apologistas cristianos de los primeros siglos.

Todo esto permitió, en gran medida, la pronta divulgación del evangelio por el imperio, puesto que, una vez que el mensaje era recibido en las sinagogas judías, estas se establecían como comunidades cristianas y se encargaban de la predicación de las buenas nuevas en tal o cual ciudad a la que pertenecían. Es de notar la grandiosa herramienta que resulto el idioma griego para el evangelio, no solo por la redacción de los manuscritos en el idioma, sino también, porque este era el idioma de comercio y la academia, y fue más fácil su divulgación entre aquellos que no pertenecían a la raza judía, pero que compartían el uso del griego como lengua.  

2. La persecución de la iglesia. En el primer siglo, encontramos al menos dos persecuciones llevadas a cabo desde las oficinas del Imperio romano. La primera tuvo lugar bajo el mando de Nerón en el año 64 d. C. tras el incendio del que, según Tácito, citado por González, la iglesia primitiva fue injustamente responsabilizada, ya que: «Nerón hizo aparecer como culpables a los cristianos, una gente a quienes todos odian por sus abominaciones, y los castigó con una refinada crueldad.»[8] La segunda se llevó a cabo a finales del reinado de Domiciano, en el año 90 d. C. de quien se presume era un entusiasta de las viejas tradiciones romanas, así como de la religión imperial, a la cual los cristianos se oponían, y según Justo González, esto les fue causa de la persecución domiciana.[9] De acuerdo con Jesse Hurlbut, en su libro Historia de la iglesia cristiana, tanto la persecución de Nerón como la de Domiciano: «fueron esporádicas y locales, y no se extendieron por todo el imperio»[10].

Es bien conocida la cita de Tertuliano con respecto al martirio de los cristianos, puesto que se ha convertido no solo en un símbolo de esperanza, sino también de victoria en momentos de dificultad: «Segando nos sembráis: más somos cuanto derramáis más sangre; que la sangre de los cristianos es semilla.»[11] Versiones más modernas lo mencionan de la siguiente manera: «la sangre de los mártires es semilla de la iglesia»[12] Esta frase fue el estandarte en muchas de las marchas cristianas posteriores al asesinato de Charlie Kirk, activista político y cristiano, el 10 de septiembre del 2025. Dicho suceso trajo a su vez un incremento en la asistencia a iglesias de los Estados Unidos, según reportó Christian Post el 29 de septiembre del 2025.[13] Un fenómeno similar fue el que vivió la iglesia primitiva tras el martirio de Esteban.

De acuerdo con Harry Boer, en su libro Historia de la iglesia primitiva, los primeros perseguidores de los cristianos no fueron los judíos hebreos, sino los judíos griegos (helenistas).[14] Esto se debe, según Boer, porque: «Aparentemente, los judíos griegos estaban más opuestos a la iglesia que los judíos hebreos. Por la misma razón, probablemente sentían más hostilidad contra los judíos griegos cristianos que contra los [judíos] hebreos cristianos».[15] El autor presume que esta aversión marcada contra los judíos helenistas griegos, fue la causa de la muerte por lapidación de Esteban.

La narración de este acontecimiento lo encontramos en el libro de los Hechos, capítulo siete. Lucas nos narra cómo fue la muerte de quien ahora conocemos como el primer mártir de la iglesia en manos de los fariseos, entre ellos Saulo de Tarso. Inmediatamente después de su martirio, en el capítulo ocho Lucas nos dice que: «En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles.» (Hechos 8:1). Posteriormente, el capítulo ocho nos narra que: «Samaria había recibido la palabra de Dios» (Hechos 8:14) refiriéndose a la predicación del evangelio. Esto es sumamente revelador, puesto que en el capítulo uno del mismo libro, Lucas dice que Jesús alienta a sus discípulos antes de su asunción con las siguientes palabras: «pero, recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.» (Hechos 1:8)

Conclusión.

Seguramente, nadie se imaginaba que Dios en su divina providencia usaría la muerte de Esteban y la posterior persecución de la iglesia, para llevar el mensaje del evangelio a las regiones aledañas a Jerusalén. De acuerdo con la cita de Tertuliano, el derramamiento de la sangre de Esteban fue la semilla que permitió que tanto Judea como Samaria recibieran el mensaje de las buenas nuevas de Jesucristo, y que además, aquellos que escucharon, fueran bautizados y recibieran al Espíritu Santo.

Así mismo, conocer de manera general aquellos factores importantes para la divulgación del evangelio, como el idioma griego y el contexto tanto político como social en que el cristianismo nació, nos permite ver la mano soberana del Creador detrás de cada detalle. ¿Qué tan lenta hubiese sido la divulgación del evangelio sin estos factores? Humanamente hablando pudiéramos pensar que hubiese sido bastante lento, pues, como vimos, hubo una gran cantidad de factores involucrados. Sin embargo, aun si hubiese sido en una diversidad general de idiomas, por medio del Espíritu Santo: ¡todos por igual, oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios! (Hechos 2:11)


[1] Justo L. González, Historia del cristianismo: obra completa (Miami, FL: Unilit, 1994), 29.

[2]Philip Schaff, History of the Christian Church, (Nueva York NY, Charles Scribner’s Sons, 1910), 55.

[3] González, Historia del cristianismo, 30.

[4] Schaff, Historia de la iglesia cristiana, 32.

[5] González, Historia del cristianismo, 36

[6] González, Historia del cristianismo, 36.

[7] Schaff, Historia de la iglesia cristiana, 56.

[8] González, Historia del Cristianismo, 61.

[9] González, Historia del Cristianismo, 64.

[10] Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la iglesia cristiana, (Miami FL, Editorial Vida, 1999), 40.

[11] Tertuliano, «Apologeticum», traducido por Manuel Manero, Tertullian Project, (s. f.), https://www.tertullian.org/articles/manero/manero2_apologeticum.htm#C50

[12] GotQuestions.org, «¿Qué significa que “la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”?», GotQuestions.org, (s. f.), https://www.gotquestions.org/Espanol/sangre-martires-semilla-iglesia.html.

[13] Samantha Kamman, «Aumenta asistencia a la iglesia tras el asesinato de Charlie Kirk, especialmente entre los jóvenes», The Christian Post, (2025), https://spanish.christianpost.com/news/aumenta-asistencia-a-iglesia-tras-asesinato-de-charlie-kirk-especialmente-entre-jovenes.html.

[14] Harry R. Boer, Historia de la iglesia primitiva, (Miami FL, Editorial Unilit, 2001), 4.

[15] Boer, Historia de la iglesia primitiva, 4.

Categoría: Historia

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